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En Perú nos encontramos otra vez con Numitor Hidalgo, quien nos dejó esta historia que cuentan los maestros de las comunidades altoandinas del Cusco

Los antiguos pobladores de los Andes se alimentaban de muchas verduras, legumbres, cereales y carnes de animales domésticos que les proporcionaba la Madre Tierra. Los ancestros vivían en un mundo de armonía gracias a que eran muy organizados para trabajar en la chacra y todo lo hacían con el permiso y consentimiento de la Madre Tierra, respetando los calendarios agrícolas naturales que les proporcionaba el Padre Sol y la Madre Luna, los encargados de coordinar las temporadas de lluvia, de estío y la programación las fechas memorables y festivas durante el año.

Sin embargo, llegó una época de sequías y escasez de lluvias especialmente para los pueblos de las altas punas donde el frío los castigaba duramente y no tenían suficiente comida para sobrevivir; estos pueblos se volvieron guerreros y comenzaron a invadir los valles quechuas pidiéndoles que les proporcionarän cereales para su alimento o que les dejaran ocupar sus tierras.

Los quechuas querían llegar a acuerdos de paz porque la vida se hacía más difícil peleando entre hermanos, sin embargo, el Inka ordenó que todos los jóvenes más fuertes de los ayllus, al mando de sus curacas, se organizarán para enrolarse al ejército y hacer frente a los invasores que invadían las mejores tierras de cultivo, en una guerra sin precedentes.

Los jóvenes de todos los ayllus asistieron a la convocatoria del Inka, pero en el más noble de los ayllus había una pareja de jóvenes enamorados que recientemente se habían jurado amor eterno para formar su hogar y tener niños, a quienes el Inka y el curaca les habían otorgado recientemente un terreno para que allí construyeran su morada y cultivarán la tierra.
-Querida esposa, amada mía, -dijo el joven a su esposa -tengo la responsabilidad de ir a luchar por nuestros ayllus y defender nuestras tierras; todos los jóvenes están yendo y yo también debo ir a enfrentar al enemigo y quiero que tú me esperes en casa, yo volveré con la victoria, por la paz de nuestros ayllus-

Ella asiente resignada y entre lágrimas manifiesta su deseo de acompañarle en la jornada violenta: -Mi esposo, yo debo acompañarte, cantaremos las cashuas para que nuestros apus no permitan que los ríos se tiñan de rojo con la sangre de nuestros hermanos; yo quiero estar cerca de ti para atenderte si es que hieren a tu cuerpo-

-No puedes venir conmigo, yo quiero que te quedes en casa, me muero si te pasa algo en la guerra, la cashua lo harán las chayñas, tu quédate en nuestro ayllu cuidando nuestro ganado, yo volveré triunfante de la guerra- contestó el joven guerrero, que partió llevando en su alforja algunas piedras protectoras consagradas por su amada.

La joven quedó intranquila entre el temor que su marido pudiera perecer en la guerra y quedar sola sin su amado eterno. Esa misma noche y sin poder dormir, se dirigió a la cocina donde aún se percibía el calor del fogón a leña, se sentó junto a la hornilla sobre el poyo del fogón, luego tomó un cuchillo fino y sin pensarlo dos veces, se cortó las dos trenzas de su cabellera hermosa para unir sus cabellos negros y largos con los hilos finos de alpaca y se puso a tejer un hermoso unku para su amado, de tal manera que sus cabellos mezclados con la suave fibra de alpaca quedarán en la parte del tórax para que proteja el corazón del guerrero.

Trabajó dos días sin descanso, apenas dejaba el tejido para tomar sus alimentos y dormir un poco llevada por el cansancio. Cuando el unku estuvo terminado, lo envolvió en su lliclla y preparando su alforja, partió al campo de batalla llevando yerbas medicinales, abrigo y sobre todo su decisión férrea de ayudar a su amado en la guerra.

Al llegar al campo de batalla se encontró con las chayñas que cantaban cánticos de guerra y de piedad detrás de un peñasco para que no les llegaran los proyectiles disparados por las hondas; en un momento se unió a ellas cantando las cashuas mientras divisaba donde se encontraba su marido.

De pronto logró apartarse de las chayñas y pudo ver a su marido en plena lucha cuerpo a cuerpo, con makana en mano iba derribando a un grupo de cinco atacantes que lo acechaban, mientras que de algunos metros de distancia un francotirador furtivo apuntaba con su arco una terrible flecha contra su amado guerrero; ella al darse cuenta corrió desesperada para prevenir a su esposo, pero al llegar a su lado para avisarle el arquero ya había lanzado la fatídica flecha que alcanzó a incrustarse en el pecho de la mujer enamorada que cayó mortalmente,desfalleciendo ensangrentada sobre el piso.

El guerrero dejando su pelea abrazó a su amada que llevaba entre sus manos el unku tejido con sus cabellos y apenas ella pudo decir cuánto lo amaba y alcanzarle el unku a su esposo y poco a poco se fue muriendo entre sus brazos. El joven desesperado lanzó un grito desgarrador que vertía de lo más profundo de su ser, tan fuerte y tan lastimero que los combatientes dejaron de pelear y el grito seguía sonando entre los cerros que respondían con eco mientras las chayñas cantaban la cashua de la muerte; el guerrero lloraba a cántaros y sin consuelo, todos querían socorrerle pero no permitía que nadie se acerque a su cuadro de dolor, sobre el cadáver inerme de su mujer caían sus lágrimas junto a la flecha incrustada en su pecho.

La guerra se fue paralizando pero el guerrero no dejaba de llorar sobre el cuerpo de su amada, los guerreros decidieron marcharse, era la mujer, hija predilecta de la Madre Tierra, la única víctima femenina que moría como si se tratara de la misma Pachamama atacada por la guerra injusta.

Finalmente el campo quedó vacío con sus huellas de sangre, los muertos fueron recogidos por los ayllus, pero el joven no quería retirarse de su amada ni que nadie la tocara con la flecha sobre su pecho, allí se quedó llorando todo el día y toda la noche. En el cielo, las estrellas titilaban de tristeza y el Chukichinchay le pedía a la Madre Luna que hablara con el Sol para que tenga misericordia con sus hijos.

Al amanecer el padre Sol tenía un plan resuelto. Durante la noche la Pachamama ya había cubierto todo el cuerpo de la ñusta, solo quedaba la flecha erguida hacia el Sol, mientras el guerrero no dejaba de llorar y sus lágrimas formaban un charco junto a su amada.

El ol apareció entre los cerros con su fulgurante luz; cuando de pronto la flecha se puso verde y frente a los ojos del guerrero comenzó a crecer y a crecer, pero él no dejaba de llorar, de pronto de la flecha comenzaron a salir unas hojas largas como brazos que con el viento rozaban el cuerpo y rostro del guerrero. No podía creerlo, se frotaba los ojos, se puso a acariciar a la flecha en vez de odiarla y las hojas largas no dejaban de acariciarle, se paró sobre la planta y de súbito comenzó a aparecer un fruto entre el tallo y las hojas. El Sol ya estaba en el cenit y el fruto se engrosaba más y más, el hombre acariciaba el fruto y entre tanto aparecieron en la parte superior los cabellos de su amada pero con los colores del Sol que hermosos volaban con el viento... él no podía creerlo, escarbó el suelo y su amada ya no estaba debajo de la tierra, levantó los ojos y el fruto abrió sus hojitas como pancas y apareció la sonrisa de su amada con sus dientes blancos que le decían:

-Ya no sufras por mí amado esposo, ahora soy eterna, el Padre Sol me otorgó la vida para estar contigo para siempre y proporcionar tanta comida para que los hermanos ya no vuelvan a pelearse nunca y siempre sea paz en nuestros valles... El guerrero cayó desmayado de emoción, pero al despertar, se había convertido en un hermoso pájaro que nunca más se separaría de su amada. Luego el Sol llamó al Inka y le ordenó cultivar la nueva planta que había nacido del amor y que en adelante serviría de alimento para todo el mundo, que ya no tendría que pelearse jamás.

- Que los hombres se alimenten del amor -dijo el padre Sol- la planta llevará el nombre de la ñusta: “Sara” ha de llamarse, y el guerrero vivirá eternamente con ella y llevará por nombre “Sarapoqochi” tendrá por tarea hacer madurar a Sara y limpiará sus espigas. También podrán alimentarse del tronco de Sara, que tiene el sabor dulce de las lágrimas del guerrero para que nunca se olviden del suceso y ya no se peleen entre hermanos.

Y así es como nació el maíz entre los hombres.

Por Numitor Hidalgo
Fecha: 15/4/2018

Agradecimiento
A Amalia Noemí Vargas el habernos acercado este texto de Numitor

Glosario:
Cashuas:danzas ancestrales andinas
Chayñas: mujeres que entonan los cantos originarios andinos
Lliclla: Manteleta vistosa de color distinto del de la falda, con que las mujeres indígenas de los Andes se cubren los hombros y la espalda.
Chukichinchay: Constelación

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