Hipólito Barreiro prepara la reedición del libro “Juan Sosa, el indio que cambió la historia”. Aquí la primera parte de una entrevista imperdible con un defensor apasionado de las raíces indígenas

“Vos y yo estamos hablando porque hay algo más grande que nosotros que quiere que yo siga acá. Dame tu mano y toca acá”, dice Hipólito Barreiro y pone mi mano sobre su parietal derecho, donde tiene un hueco. “Tengo hundimiento de cráneo. Tuve un accidente, me cruzó un camión viniendo de Venado Tuerto, con un auto nuevo iba hacia Rosario, de repente, no lo vi venir y me chocó. Estuve un año en cama, perdí la memoria, la fui recuperando y recuperé la memoria retrógrada. Lo mínimo 50, 55 años he estudiado a Perón, cinco días a la semana sueño con Perón, son sueños muy vívidos recuerdo cada detalle y al despertar me digo: ¿cómo no entendí lo que me quiso decir?¿cómo le discutí? Porque discutíamos mucho”.

Barreiro a sus 83 años vive en un departamento repleto de esculturas de madera que trajo de sus años como médico y embajador en África, la colección ronda las 2500 piezas y planea presentarla en una muestra, continúa al frente de su clínica especializada en tratamiento de próstata y en su tiempo libre trabaja en la reedición de su libro “Juan Sosa, el indio que cambió la historia”, sobre los orígenes indígenas de Juan Domingo Perón, a quien conoció cuando era candidato a presidente, luego trató como paciente en España y lo frecuentó hasta la muerte del mandatario.

El libro publicado en el año 2000 por su propia editorial Tehuelche, agotó 3 ediciones y fue a la vez atacado por sectores del Partido Justicialista y defendido por militantes. Incluso un sobrino de Perón polemizó con Barreiro, negando los orígenes indígenas del político, argumentando que su abuela era “criolla”, no india.

Casas

Barreiro es un libro parlante. Cita de memoria capítulos enteros de su libro y cuenta que está sumido en preparar su reedición: “Tengo tres libros, enteros y dos personas que se están ocupando de ayudarme y una tercera con ideas de filmar esta historia, ocurre que cuando Néstor Kirchner asumió la presidencia pasó por la Universidad Nacional de la Matanza (UNLaM) y le dijo al rector: “Che, Martínez, tenemos problemas con el nacimiento de Perón, unos dicen que nació en Roque Pérez otros dicen que nació en Lobos, ¿ porque no te ocupás ? no podemos andar con una dicotomía de este tipo con Perón”. El rector puso tres profesores, dos de ellos eméritos y una tercera ayudante de cátedra. Durante el tiempo que trabajaron yo los ayudé, les mostré el libro y ellos tenían que reveer mi investigación y hacer uno nuevo”.

“Salió en 2007 y se llamó Perón ¿cuándo y dónde nació?, escrito por Jorge Gómez Farías, Domínguez Soler y Liliana Silva. Y ahora me encuentro con que se me complica más porque tengo que intercalar en mi libro, los datos de ese otro libro que es muy importante porque se acaba la discusión y el negocio que hacen los de Lobos.

Yo a Perón lo admiro y lo quiero muchísimo, no hago negocio con Perón, estoy con dos personas reescribiendo el libro, “metiendo” el libro de la Universidad dentro del mío, ya no es Barreiro quien lo dice, es una Universidad”.

Polémica con Lobos

Dos localidades bonaerenses mantienen una disputa sobre el natalicio de Juan Domingo Perón: Lobos y Roque Pérez. En Lobos hay una casa reconocida como museo nacional y en Roque Pérez otra reconocida como Lugar histórico Nacional, ambos municipios promueven visitas guiadas a los inmuebles, y a las calles sobre las que están emplazadas las edificaciones las renombraron Juan Domingo Perón.

Barreiro realizó una profunda investigación, aporta documentación oficial y testimonios que recabó personalmente y sostiene que la casa donde vivían Juan Sosa y Mario Tomás Perón estaba ubicada en una zona que legalmente pertenecía al cuartel sexto del partido de Saladillo; el 7 de octubre de 1893 no había iglesia ni Registro Civil, y Lobos, localidad de otro partido, era más cercana al domicilio, por lo que su nacimiento fue anotado en el Registro Civil de esa ciudad, ya que el pueblo de Roque Pérez aún no existía como municipio, y para inscribirse en Lobos había que dar una dirección de allí.

Sentado en su living, Barreiro narra la historia del nacimiento de Juan Domingo Perón: “Juana Sosa, la madre era aonikenk, pero nacida en el norte, se había casado con Mario Tomás Perón, que luego murió de tuberculosis. En la localidad de Lobos tienen una casa donde hicieron un museo y dicen que Perón nació esa casa. Habría que cerrarla y meterlos presos. Juan Domingo Perón y su hermano Avelino Mario nacieron en Roque Pérez”.

“El padre Mario Tomás era seis años mayor que Juana, cuando estuvo enfermo, su padre, Tomás Liberato que era médico, profesor universitario y había sido diputado, lo mandó a la casa de un amigo: el doctor del Mármol, quien lo ubicó en la estancia La Candelaria, un campo bonaerense, allí hizo gestiones para que le dieran un trabajo, era un tipo de clase media educada él sabía escribir, no había máquinas de escribir, todos los trámites legales eran a mano, se convirtió en Juez de Paz. A Juana la llevaron para que lo cuidara. Se enamoraron, tuvieron dos hijos y años después se casaron. No estaba bien visto que un juez se casara con una india”.

“Mario Tomás compró un campo cerca de Río Gallegos, y se mudaron con los hijos allí, luego consiguió un trabajo y otro campo en Chubut. Cuando su madre Dominga Dutey que era uruguaya, le pidió a Mario Tomás que se casaran, inscribieron a sus hijos con el apellido paterno y Juan Sosa pasó a llamarse Juan Domingo Perón y se fue a Buenos Aires a estudiar en el Colegio Politécnico y luego al Colegio Militar”.
“Juana lo ayudó mucho a Mario Tomás, la llamaban “Juana huevo”, porque recorría grandes distancias para conseguir huevos frescos. Perón hablaba mucho de su abuela materna, la quería mucho, decía “mi abuela inmemorial”, Se llamaba Mercedes Toledo y Gauna, había nacido en lo pagos de Azul, cerca del fuerte, era una curandera mapuche, porque los aonikenk y los mapuche formaron un sólo pueblo. Las mujeres andaban con los ejércitos o con los huincas, eran muy importantes iban a los ejércitos para ayudar, para usarlas para la comida, o como mujer o para las heridas, ella llegó así”.

“Luego fueron para Santiago del Estero y Juana vino a Buenos Aires con su familia cuando el padre comenzó a trabajar en una estancia. Era un hombre curtido de ocupación variada entre resero y albañil. Murió en una pelea y Juana y sus hermanos tuvieron que dejar el puesto en la estancia y salir a trabajar. Ella vendía pasteles que cocinaba su madre”.

“Perón nació en un parto indígena en la casa de su madre, crece con la naturaleza, primero en Roque Pérez, a los dos años un gaucho el Chino Magallares lo llevaba a andar a caballo montando a pelo y hasta los 11 vivió en la Patagonia hablando mapuzungun. Luego escribió dos libros: uno sobre toponimia araucana y un diccionario sobre la lengua araucana”.

Energía arrolladora

Barreiro entrevistó a personas que conocieron a Juana Sosa en la provincia de Buenos Aires y en Chubut, donde Juana vivió hasta su muerte. A partir de los testimonios redactó un perfil de la mujer que fue la madre de Perón, que primero se llamó Juan Sosa, y al que la peonada llamaba Sosita: “Era una mujer de a caballo, capaz de hacer el trabajo de un hombre fuerte, el predio donde estaba asentada la casa rancho era extenso, unos 6.270 metros cuadrados, lo cual permitía a la familia tener un par de vacas para el suministro de leche fresca , y también criar chanchos, gallináceas y algún otro animal doméstico para propio consumo pero también para la venta, solventando así los gastos de la casa. Sin duda la ayuda permanente y sin descanso de Juana, sobre todo en esos años duros, trajo muy pronto el reconocimiento de un hombre sensible como Mario. Esto fue haciéndose evidente para él con el correr del tiempo. Poco a poco la gravitación de su magra salud lo haría cada vez más dependiente de la energía arrolladora de aquella joven india”.

Más tarde en su campo de “La Porteña” en Chubut, Juana que había heredado de sus antecesores ciertas “artes obstétricas” sería una consumada partera empírica. La venían a buscar desde lugares alejados y cientos de nacimientos fueron de su responsabilidad. También se decía que era su costumbre ayudar a las parejas conocidas, sobre todo si la sangre india estaba involucrada. Entonces - cuentan - los hacía contraer matrimonio y les regalaba unas hectáreas de campo y algunas ovejas para que pudiesen subsistir dignamente. Recuerdan los más viejos que amamantó a Juancito hasta los 5 años y que era común verlo detrás de la madre persiguiéndola con un banquito a cuestas, para sentarse junto a ella y mamar tranquilo.

Juana Sosa vivió los últimos años de su larga vida muy cerca del cerro Chenque, en Comodoro Rivadavia. Los chenques, según las costumbres de los aonikenk son los montículos de tierra y piedra en los que se sepultan a las personas, se erigen mirando al Este y sobre cerros. El chenque es el cerro más alto de la Patagonia y hacia el Este mira al Océano Atlántico, fue un cementerio indígena hasta la fundación de Comodoro Rivadavia, cuando el cementerio indio fue saqueado y al pie del cerro se creó un cementerio católico.

Durante todo el siglo XX y lo que va del siglo XXI el municipio de Comodoro Rivadavia ha socavado al cerro, durante el último temporal que destruyó la ciudad en marzo de 2017, se encontraron restos óseos que habrían estado sepultados allí, arrastrados hasta las calles comodorenses por las intensas lluvias..Juan Domingo Perón compartió, una vez muerto el mismo flagelo que sus antepasados aonikenk: su sepultura fue violada y sus restos mutilados.

Por Pablo Andrés Bobadilla Echenique
Fecha: 22/11/2017