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El 29 de diciembre de 1890, hace exactamente 130 años, entre 300 y 400 sioux fueron asesinados en la reserva indígena Pine Ridge por el 7º Regimiento de Caballería de los Estados Unidos.El hecho se conoce como la Masacre de Wounded Knee y significó el fin de las llamadas “guerras de indios”.

Desde mediados del siglo XIX, y a pesar de los tratados firmados entre el gobierno federal y los pueblos indios reconociendo el derecho de éstos sobre determinados territorios, la ola de migrantes blancos hacia el oeste, la construcción del ferrocarril transoceánico y el descubrimiento de oro en las Colinas Negras -corazón geográfico y espiritual del pueblo sioux en el actual estado de Dakota del Sur- convirtió la coexistencia entre ambos grupos en una guerra devastadora.

Tras numerosos enfrentamientos armados donde no siempre el ejército llevó la mejor parte, la política del gobierno se centró en el acorralamiento territorial de los grupos, la incautación de sus armas defensivas y el cercenamiento de sus medios de subsistencia (incluido el exterminio masivo de bisontes, su principal fuente de alimentos y útiles para la vida cotidiana). Recursos letales, la hambruna y las enfermedades fueron tan mortales como las balas del ejército y, lentamente, algunos grupos optaron por migrar a Canadá o por someterse a la internación en precarias reservaciones como última alternativa de supervivencia.

Consciente de esta realidad, hasta Caballo Loco, el último gran líder guerrero fue capturado y asesinado a traición en Fort Robinson cuando intentaba parlamentar con el general Miles en 1877.

Por su parte, Toro Sentado, líder espiritual y jefe supremo de la nación sioux, fue asesinado en Standing Rock, Dakota del Sur, el 15 de diciembre de 1890 cuando era detenido por su peligrosa popularidad luego de intervenir en el espectáculo de Búfalo Bill y adherir a la llamada “danza de los espíritus”, una invocación que, por boca del paiute Wovoka, prometía la expulsión de los blancos y el regreso a la anterior vida indígena.

Hasta entonces seguros de la eficacia de su guerra de desgaste, el gobierno federal vio en la danza de los espíritus la posibilidad de un rebrote de la resistencia e inmediatamente profundizó la represión contra los ya debilitados grupos indígenas.

Alertado por la muerte de Toro Sentado, el jefe Alce Manchado, conocido como Pie Grande, postrado y frente a un grupo de 350 sioux, antiguos señores de esas mismas praderas, comenzó a movilizarse rápidamente hacia la reservación de Pine Ridge.

A DÍAS DE NAVIDAD, LA MASACRE

Fue el viejo enemigo de los sioux, el 7º Regimiento de Caballería, el encargado de ejecutar la matanza de Pie Grande y su gente, a quienes alcanzó el 29 de diciembre, a orillas del arroyo Wounded Knee, en las cercanías de Pine Ridge.

Aprovechando los desniveles del terreno, y desbordando numéricamente a los asediados, los soldados rodearon estratégicamente el campamento poniendo a la vista sus novedosos cañones livianos sobre ruedas.

El operativo se inició con la requisa de las armas indias, incluso cuchillos, que se fueron amontonando junto al tipi del postrado Pie Grande. Desconfiados, los soldados revisaron el interior de los tipis, en busca de armas escondidas y en medio de inevitables forcejeos. Fue en una de estas situaciones confusas que un guerrero sordo, llamado Pájaro Amarillo -presumiblemente por no entender la situación y en medio de un tironeo con un soldado- efectuó el disparo al aire que desencadenó el infierno.

Inmediatamente, el oficial de custodia ejecutó de un tiro a Pie Grande y los soldados iniciaron un indiscriminado tiroteo con sus fusiles y cañones matando incluso a parte de sus tropas en el campamento.

Mientras las mujeres y niños trataban de escapar a lo largo de la cañada, los guerreros sobrevivientes lucharon por recuperar sus armas sin poder evitar que quienes huían fueran asesinados a sangre fría, por la espalda. Sólo se pudo tomar prisioneros gravemente heridos. El resto, mujeres, niños y ancianos, quedaron cubriendo -muchas veces amontonados en un último gesto de protección- todo el terreno de lo que fuera un acogedor llano a orillas del arroyo Wounded Knee.

Esa misma noche se produjo una fuerte nevada que cubrió los cadáveres en una macabra escena de muerte injustificada. Tres días más tarde, el doctor Charles Eastman, el primer médico universitario dakota, llegó al sitio a pesar de la oposición del ejército. Lo hizo con 85 lakotas y 15 civiles a fin de enterrar a los muertos. En su informe deja constancia de que se trató de una masacre donde los que trataban de huir fueron “implacablemente cazados”.

¿PREVENCIÓN O VENGANZA?

Se discute todavía si fue proporcionada la reacción del gobierno federal ante la prédica de Wovoca y la danza indígena en general, que, a pesar de formar parte ineludible de fiestas y rituales, fue prohibida y reprimida con ensañamiento.

¿Era necesaria la intervención del ejército con 500 soldados y cañones frente a unos 300 indígenas debilitados y enfermos? ¿Se puede hablar de una batalla, cuando los atacados habían sido previamente desarmados? Tal vez tampoco se pueda hablar de fusilamiento, ya que las víctimas fueron muertas por la espalda mientras huían.

La respuesta tal vez se encuentre en el hecho de que la caballería de los Estados Unidos nunca pudo asumir las derrotas de “la masacre de Fetterman” en 1866 frente a los guerreros de Caballo Loco y Nube Roja, y la de Little Big Horn en 1876,donde perdió la vida el emblemático general George Armstrong Custer. Tal vez por eso es que aún hoy, y a pesar de los reiterados reclamos, el ejército se niega a retirar las condecoraciones con que fueron premiados 20 de los participantes de la masacre de Wounded Knee.

Por María Ester Nostro
Fecha: 4/1/2021

Imagen: The Ghost Dance of the Sioux Indians in North America. NATIVE AMERICAN INDIANS - SIOUX) Forestier (illus).
Fuentes: Brown, Dee. Bury my heart at Wounded Knee. Owl Book Edition. 1991. NY.
Masacre de WoundedKnee – EcuRed

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