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En vísperas del cruce de los Andes, los originarios del sur de Mendoza parlamentaron con el Libertador, quien nos dejó de su propia pluma una completa semblanza de aquellos paisanos.

En cada 17 de agosto –o en sus cercanías- aniversario de la muerte de San Martin, desde estas páginas solemos homenajear al Libertador, muy especialmente desde su faceta de gran articulador con los pueblos indígenas, con un pensamiento que los incluía en la nueva sociedad en formación. También hemos hablado y a estar de investigaciones recientes, de la alta probabilidad de que el haya sido un mestizo de origen indígena, “un indio” tal como se definió en ocasión de los sendos parlamentos que mantuvo con los pehuenches del sur mendocino.

Estos parlamentos los llevó a cabo mientras preparaba el legendario cruce de los Andes, ciclópea tarea que se extendió por tres años y en los cuales convirtió a la región de Cuyo en un hervidero humano y productivo típico de la “nación en armas” según llaman los manuales militares a esas empresas colectivas de una magnitud sin precedentes en que se preparan para las grandes contiendas bélicas.

Las comunidades indígenas no quedaron ajenas a estos preparativos inéditos. En una carta dirigida al Gobierno de Buenos Aires así lo explica el general: “He creído del mayor interés tener un parlamento general con los indios pehuenches, con doble objeto, primero, el que si se verifica la expedición a Chile, me permitan el paso por sus tierras; y segundo, el que auxilien al ejército con ganados, caballadas y demás que esté a sus alcances, a los precios o cambios que se estipularán: al efecto se hallan reunidos en el “Fuerte de San Carlos” el Gobernador Necuñan y demás caciques, por lo que me veo en la necesidad de ponerme hoy en marcha para aquel destino….” (Cuartel General en Mendoza y setiembre 10 de 1816).

Hacia estos pehuenches partió la comitiva encabezada por San Martin, registrándose durante más de una semana un primer parlamento de ribetes singulares, que por el lado de los indígenas lideró el anciano Necuñan al frente de no menos de cincuenta de sus caciques.

“Los indios más valientes de este territorio”

Lo que sucedió en aquel encuentro lo sabemos de la propia pluma del Libertador, cuando respondió la solicitud de su gran amigo el general inglés William Miller -oficial del Ejército de los Andes- a la sazón escribiendo sus memorias, de completar un largo cuestionario respecto a los pehuenches, sus principales características y su forma de vida además de hacerle relatar a San Martín lo que sucedió en aquellos famosos parlamentos.

Estas crónicas, publicadas originalmente en Inglaterra en 1828, fueron posteriormente citadas por distintos autores, entre otros, el general Gerónimo Espejo, “Antiguo Ayudante del Estado Mayor del Ejército de los Andes”, Bartolomé Mitre y ya en el Siglo XX, Fernando Morales Guiñazú, Ricardo Rojas, y más recientemente varios más desde el campo de la antropología y la historia. Veamos entonces algunas de esas sorprendentes pinceladas etnográficas de San Martin:

“Indios Peguenches, hombres de una talla elevada, de una musculación vigorosa, y de una fisonomía viva y expresiva, ocupan un territorio al pie de la cordillera de los Andes de 100 a 120 leguas al sur del Río Diamante, límites de la Provincia de Mendoza: pasan por los más valientes de este territorio, no conocen ningún género de Agricultura, y viven de frutas silvestres, y de la carne de Caballo; su vida es errante y mudan sus habitaciones (que se componen de tiendas de pieles), a proporción que encuentran pastos suficientes para alimentar sus crecidas Caballadas. Son excelentes jinetes, y viajan con una rapidez extraordinaria, llevando cada uno diez o doce Caballos por delante para mudar en proporción que se cansan, pero tan dóciles y bien enseñados, que en medio del Campo los llaman por su nombre, y sin el auxilio del lazo los toman con la mano para cambiar”.

Así comienza el escrito del Libertador, quien continúa dando algunos detalles sobre este Parlamento y los pehuenches:

”…El día señalado para el Parlamento a las ocho de la mañana empezaron a entrar en la Explanada que está en frente del Fuerte cada Cacique por separado con sus hombres de Guerra, y las mujeres y niños a Retaguardia: los primeros con el pelo suelto, desnudos de medio cuerpo arriba, y pintados hombres y Caballos de diferentes colores, es decir, en el estado en que se ponen para pelear con sus Enemigos. Cada cacique y sus tropas debían ser precedidos (y esta es una prerrogativa que no perdonan jamás porque creen que es un honor que debe hacérseles) por una partida de Caballería de Cristianos, tirando tiros en su obsequio. Al llegar a la explanada las mujeres y niños se separan a un lado, y empiezan a escaramucear al gran galope; y otros a hacer bailar sus Caballos de un modo sorprendente: en este intermedio el Fuerte tiraba cada 6 minutos un tiro de Cañón, lo que celebraban golpeándose la boca, y dando espantosos gritos; un cuarto de hora duraba esta especie de torneo, y retirándose donde se hallaban sus mujeres, se mantenían formados, volviéndose a comenzar la misma maniobra que la anterior por otra nueva tribu”.

Los dueños del país

El relato continúa con los prolegómenos del Parlamento, el protocolo de dejar las armas “en una pieza del Fuerte”, la manifestación de amistades reciprocas y “la súplica” de San Martin parta que se permitiera el paso del ejército por los territorios de los pehuenches, a quienes el general llama los “dueños del país”.

“Los Indios Peguenches son una nación enteramente diferente de los Araucanos, y separados de estos por la gran Cordillera: su población se regula en unos 12 a 14 mil habitantes; anteriormente eran muy numerosos, más las viruelas y en el día el mal venéreo, hace en ellos horribles estragos (….) ; y son reputados por bravos; ellos mantienen continuas Guerras con los otros Indios Colindantes, y no se dan Cuartel excepto a las Mujeres y Niños. La hospitalidad la guardan religiosamente…”

Los hombres beben “una especie de Chicha compuesta de frutas silvestres” y viven ocupados de la guerra mientras que las mujeres se dedican “al cuidado de los hijos y demás quehaceres domésticos, pastorean a más las Caballadas, y aún es de su obligación el ensillar el Caballo del Marido: el resto del tiempo lo emplean en tejer Ponchos, con lo que y alguna sal, que llevan a Mendoza, hacen un tráfico que cambian por frutas secas y licores”.

Las comunidades que parlamentaron con San Martín y que con tanto colorido el mismo describió fueron los pehuenches del sur mendocino, una región que desde tiempos prehispánicos estaba también caracterizada por la creciente presencia “araucana” (en realidad los mapuche-huilliche) y la perenne incursión de los tehuelches, hechos que confirman la existencia de un hábitat transicional que venía marcando la tendencia de una superposición de etnias sobre el territorio original de los pehuenches, quienes al momento de los encuentros con San Martin hablaban ya el mapudungun, la lengua de los mapuche.

Lo cierto es que en aquellos días de septiembre de 1816, los pehuenches convivieron con San Martín en un Parlamento que incluyó ceremonias y fiestas y en donde decidieron su participación activa en el proyecto del cruce de los Andes, posición que confirmaron cuando pocos meses después una nueva delegación indígena le devolvió la visita en el campamento del Plumerillo.

Ya para entonces y de acuerdo con las distintas fuentes, los diplomáticos indígenas “fornidos y desnudos, con olor a potro”, prorrumpían en aclamaciones al “indio” San Martín, a quien abrazaron y prometieron morir por él.

Por ElOrejiverde
Fecha: 16/8/2019

Referencias:
Casamiquela, Rodolfo M. 1965. Rectificaciones y ratificaciones hacia una interpretación definitiva del panorama etnológico de la Patagonia y Area Septentrional Adyacente. Bahía Blanca
Chumbita, Hugo. 2011. El secreto de Yapeyú.
Espejo, Gerónimo. 1953 [1877] El paso de los Andes.
Martínez Sarasola, Carlos. 2014 [2012]. La Argentina de los Caciques y Nuestros Paisanos los Indios 2014[1992]
Miller, John. 1997 [1828]. Memorias del General Miller.
Olazábal, Manuel.1974. Episodios de la guerra de la Independencia.
Rojas, Ricardo. 1940. el Santo de la Espada.
Vignati, Milcíades.1953. Datos de etnografía Pehuenche del Libertador José de San Martín.

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