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Al igual que los mamos tayrona de la Sierra Nevada, los paq´os q´ero de los Andes Centrales son los herederos de un mandato intemporal: enseñar una nueva relación con las energías del Universo

Hablar del Valle Sagrado de los Incas en Perú es hablar de sanación. Recorrido por el río Vilcanota, luego Urubamba, se extiende a los pies del Cusco a su derecha e izquierda, en una seguidilla de pequeños valles extraordinariamente fértiles, que explican la presencia de construcciones incaicas para su explotación y defensa en un espléndido pasado que concluyó con la llegada de los españoles en el siglo XVI. Es, además, la ruta natural hacia la extraordinaria Machu Picchu.

Pero no se trata solamente de un panorama geográfico inundado de testimonios arqueológicos, impactantes por su monumentalidad y resonancia histórica, sino de un territorio atravesado por la presencia del pueblo q´ero, herederos de un mandato intemporal: cambiar el mundo.

¿Quiénes son los q´ero?

A 200 km del Cusco, en la provincia de Paucartambo, desde 2007 la nación q´ero ha sido declarada patrimonio cultural del Perú. Se trata de un grupo de unas 2.500 personas que habitan cinco comunidades instaladas entre los 2.500 y 5.000 de altura, y que han permanecido aisladas desde el siglo XVI hasta mediados del siglo XX con un estilo de vida y pensamiento propio del período incaico.

Este aislamiento se inicia con un mítico enfrentamiento que habría protagonizado el legendario Garibilu Q´espi, un alto mesayoq (sacerdote) quien, obedeciendo a los Apus (espíritus de las montañas y tutelares de los paq´os, hombres de conocimiento), provocó una avalancha sobre las tropas españolas que avanzaban sobre los q´ero. Su sometimiento posterior a la familia Yábar los mantuvo recluidos desde el siglo XIX (período criollo) en el sistema de tributo, mita y yanaconazgo colonial, donde sobrevivieron merced a la explotación de los tres niveles ecológicos (bajo, medio, alto) propios de su territorio, cuando, desplazándose de uno a otro estacionalmente, obtuvieron y complementaron sus necesidades alimenticias y sociales merced a su organización ancestral del ayllu incaico.

En 1922 se los menciona por primera vez en un artículo académico, pero fue en 1949, cuando, luego del terremoto que sacudió la zona desenterrando importantes edificaciones incaicas, el antropólogo Oscar Nuñez del Prado conoció a dos indígenas que solo hablaban quechua, motivándolo a organizar una expedición científica para “descubrir” a esta “reliquia”, lo que concretó seis años más tarde.

Finalmente, en 1959, en la fiesta de las Pléyades y ante una gran multitud de peregrinos, la presencia de una sorpresiva y majestuosa comitiva de q´ero, vestidos con el emblema inca del Sol, hizo que, espontáneamente, la gente les abriera camino hacia la cima de la montaña. Allí anunciaron que el tiempo de la profecía estaba cerca.

Esto llamó la atención sobre la profecía andina del Pachacuti, el gran cambio cósmico en el que, en medio de cataclismos, el mundo se daría vuelta para permitir el retorno a la armonía y el orden, y muchos oídos se abrieron al mensaje que los q´ero tenían para transmitir desde hacía 500 años.

El mensaje

Si bien el mensaje q´ero se basa en la idea de que nos encontramos en el tiempo del Mastay, momento del gran encuentro y reintegración de los pueblos de los cuatro puntos cardinales, preparatorio del “día en que el Águila del Norte y Cóndor del Sur ( las Américas) vuelen juntos”, la esencia de este proceso radica en el respeto por el Kawsay, la energía cósmica, vital , que anima el cosmos y con la cual, a semejanza del concepto de Pachamama, es necesario mantener una relación de armonía para llevar adelante una buena vida, la que debe ser.

La relación con el Kawsay se basa en el Munay, el amor y la compasión que se van ganando en un proceso de elevación espiritual en que está previsto el fin de los tiempos, pero de los tiempos de una determinada forma de pensar y ser en el que vivimos actualmente y que dejará lugar al tiempo del Ayni, la reciprocidad o convivencia complementaria, no competitiva, tanto entre humanos como en el cosmos todo.

Todo esto implica un cambio colectivo, un despertar de la consciencia que se irá cumpliendo paso a paso, en un trabajo individual del aprendizaje, del autoconocimiento a través de los maestros y los rituales, del respeto y entrega a la naturaleza, todo lo cual redundará en seis niveles de elevación espiritual del ser humano y el advenimiento del Taripay Pacha, la era dorada de un séptimo nivel en que se reformularan las interacciones entre humanos y no-humanos, lo físico y lo metafísico, lo natural y lo sobrenatural en un retorno al pulso del cosmos en reemplazo del actual tiempo creado por el hombre.

Enseñanza-aprendizaje

Al igual que los mamos tayrona (kogis, arhuacos, wiwas y cancuanos), de la Sierra Nevada de Santa Marta, en Colombia, los paq´os q´ero han salido “afuera” en cumplimiento de un mandato: enseñar a los destructores del mundo a establecer una nueva relación con las energías del Universo.

Se trata de un proceso de sanación interior, individual que, con el tiempo se convertirá en un cambio de consciencia generalizado.

Para ello la fórmula es aprender y comprender el trabajo con las energías refinadas, Sami y la sanación de las energías pesadas, Hucha, por medio del ritual. Por ejemplo, en el Samichasqa, la práctica en la que se intercambia Sami con un Apu o espíritu de la naturaleza soplando en un K´intu (tres hojas de coca) o en la discreta aspersión de algún líquido antes de comenzar a beberlo. Lo mismo que bebiendo o mascando coca en un contexto sagrado.

Este trabajo energético apunta especial, aunque no exclusivamente, a la sanación espiritual. De hecho, el trabajo sobre las energías psíquicas repercute en el soma, el cuerpo biológico, armonizándolo y llevándolo a la recuperación del equilibrio perdido, a la salud. Es así que 1os paq´os son requeridos como sanadores por gran cantidad de extranjeros que concurren al Valle Sagrado en busca de salud física y reciben invitaciones para oficiar sus ceremonias en todo el mundo. Y es su misión abrirse a la sanación de las personas y a la enseñanza de sus conocimientos.

Sin embargo, basta recorrer las calles del Cusco para encontrar una amplísima oferta de “turismo espiritual”, incluyendo sesiones de Ayahuasca y cactus San Pedro.

Basta también concurrir a alguna ceremonia para detectar, por un lado, la serena entrega del buscador espiritual en proceso de autoconocimiento y sanación interna y, por otro, al “aprendiz de brujo”, ansioso de hacerse con los secretos de los rituales para incorporarlos a las prácticas con sus “pacientes”, que van, según me consta, desde la interpretación de sueños hasta la reparación de faltas en vidas pasadas o la curación de un tumor cerebral.

El aprovechamiento “light” de las enseñanzas q´ero es motivo de inquietud entre los paq´os y aquéllos de otros pueblos que han sido Inc. iados en sus prácticas, pero lo cierto es que, si en su contacto con el “mundo externo”, los q´ero pueden incluso llegar a alejarse de su modo tradicional de vida y cosmovisión, no está en sus posibilidades negarse a brindar conocimiento. Más bien, es responsabilidad de los aprendices adentrarse seriamente en esta fuente de sabiduría, en vez de asimilarse a la troupe de charlatanes de feria con que nos ha inundado la new age.

Por María Ester Nostro
Fecha: 17/1/2016

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